Qué mochila elegir

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¿Mochila con ruedas o a la espalda? Cómo elegir la mejor opción para cada niño

Llega la vuelta al cole y aparece una de las preguntas clásicas: ¿Mochila con ruedas o mochila a la espalda?

Durante años hemos escuchado consejos de todo tipo: que las ruedas son malas, que la mochila no puede pesar demasiado, que tiene que llevar muchos refuerzos, que debe quedar exactamente a una determinada altura…

Pero quizá la pregunta más importante no sea qué mochila es mejor, sino:

¿qué mochila necesita mi hijo?

Porque no es lo mismo un niño de 4 años que lleva el almuerzo y una muda que un adolescente que sale de casa con libros, portátil, ropa de deporte y una botella de agua.

Desde la fisioterapia y la osteopatía, en Kinu preferimos hablar de una mochila adaptada al niño, a su edad y a su día a día.

No existe una mochila perfecta para todos

A la hora de elegir, hay cuatro cosas que son especialmente importantes:

  • La edad del niño.
  • Lo que necesita llevar.
  • El tiempo que va a transportar la mochila.
  • El camino hasta el colegio.

 

Un niño que va cinco minutos en coche al colegio no tiene las mismas necesidades que otro que camina veinte minutos.

Y tampoco es igual un colegio con ascensor que uno en el que hay que subir varios pisos por las escaleras.

Por eso, mochila de ruedas y mochila de espalda pueden ser buenas opciones. Todo depende del contexto.

¿Cuándo elegir una mochila de espalda?

La mochila tradicional sigue siendo una opción estupenda cuando el niño no necesita llevar demasiado material.

Es especialmente adecuada cuando:

  • El trayecto es corto.
  • Hay escaleras.
  • El niño utiliza autobús o transporte público.
  • Tiene que moverse mucho entre diferentes espacios.
  • La carga es razonable.

 

Lo más importante es que la mochila tenga un tamaño adecuado para el niño.

Aquí hay un error bastante habitual: comprar una mochila enorme “para que le dure varios años”.

Puede parecer práctico, pero si la mochila es demasiado grande será más difícil ajustarla correctamente y, además, suele ocurrir algo curioso: cuanto más espacio tenemos, más cosas metemos.

Una mochila escolar no debería parecer una maleta para irse quince días de vacaciones.

¿Cómo debería llevarla?

Lo ideal es utilizar los dos tirantes y ajustarlos para que la mochila quede relativamente próxima a la espalda.

Los objetos más pesados pueden colocarse cerca del cuerpo y los compartimentos ayudan a evitar que todo el contenido se mueva dentro de la mochila.

No hace falta obsesionarse con encontrar la posición perfecta.

Buscamos algo mucho más sencillo: que el niño pueda caminar cómodamente y moverse con naturalidad.

¿Y las mochilas con ruedas?

Una mochila con ruedas puede ser una alternativa muy interesante cuando hay que transportar bastante material y el recorrido hasta el colegio es cómodo.

Por ejemplo:

Camino relativamente llano.

Pocas escaleras.

Trayectos andando.

Bastante material escolar.

En esos casos, no tener todo el peso sobre la espalda puede resultar muy cómodo.

El problema aparece cuando el niño tiene que levantar continuamente el carro para subir bordillos, escaleras o entrar en el autobús.

Entonces puede convertirse en algo bastante menos práctico.

Por eso, antes de pensar simplemente:

“¿ruedas sí o ruedas no?”

pregúntate:

“¿cómo es el camino que hace mi hijo todos los días?”

Infantil: cuanto más sencilla, mejor

En los más pequeños normalmente no debería hacer falta transportar grandes cantidades de material.

Una mochila pequeña donde quepan:

  • el almuerzo,
  • una botella,
  • una pequeña muda,
  • y lo necesario para el día,

suele ser más que suficiente.

A esta edad, nuestra recomendación sería sencilla: una mochila pequeña, ligera y fácil de manejar.

Y hay algo que nos gusta especialmente: que el propio niño pueda ponérsela y quitársela.

Eso también forma parte de su autonomía.

Primeros años de Primaria: empieza el “por si acaso”

Aquí suele empezar a crecer la mochila.

Un libro.

Otro libro.

La carpeta.

El estuche.

La agenda.

Una sudadera.

La botella.

Y algún misterioso papel arrugado que lleva viviendo en el fondo desde septiembre.

En estas edades merece la pena revisar la mochila con frecuencia.

Muchas veces el problema no es la mochila.

Es todo lo que hemos metido dentro.

Si lleva poco material y el trayecto es corto, una mochila de espalda puede funcionar perfectamente.

Si necesita transportar más libros y camina bastante hasta el colegio, una mochila con ruedas puede ser una buena alternativa.

 

Últimos cursos de Primaria: hay que mirar el recorrido

A estas edades ya empieza a tener más sentido decidir según el día a día del niño.

Si camina bastante y lleva muchos libros:

Una mochila con ruedas puede resultar cómoda.

Si tiene muchas escaleras:

Probablemente sea más práctico utilizar una mochila convencional.

Si apenas tiene que transportar material:

No hace falta complicarse demasiado.

Una mochila ligera y bien organizada será suficiente.

Aquí también podemos empezar a enseñar algo importante:

preparar la mochila pensando qué necesita realmente al día siguiente.

 

Adolescentes: cuidado con la mochila sin fondo

En Secundaria aparece un nuevo problema.

La mochila parece no tener límite.

Libros, carpetas, portátil, tablet, cargadores, estuche, botella, ropa de deporte…

Y muchas veces cosas que llevan días viajando del colegio a casa sin utilizarse.

En adolescentes es mejor hablar de organización que de mochila.

Un ejercicio muy sencillo es vaciar la mochila completamente una vez a la semana.

Probablemente aparezcan varias cosas que no necesitan seguir viajando todos los días.

Y si llevan portátil, mejor colocarlo próximo a la espalda y evitar llenar el compartimento más exterior con objetos pesados.

 

Una prueba muy sencilla antes de comprarla

Cuando vayáis a elegir una mochila, hay algo que podéis hacer.

No la probéis vacía.

Meted dentro algunos libros o algo de peso.

Después pedidle al niño que camine un poco con ella.

Y observad.

¿Camina cómodo?

¿Puede girarse?

¿Puede subir unas escaleras?

¿Puede ponérsela y quitársela solo?

¿Los tirantes le molestan?

¿Parece que la mochila es proporcional a su tamaño?

Y sobre todo: preguntadle cómo la siente.

Muchas veces queremos analizar tantos detalles de la mochila que nos olvidamos de preguntar a la persona que va a llevarla todos los días.

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La espalda de un niño también necesita moverse

Hay otro aspecto que para nosotros es fundamental.

Una espalda sana no necesita estar todo el día en una posición perfecta.

Los niños necesitan: correr, saltar, jugar, moverse, practicar deporte, cambiar de postura y desarrollar fuerza.

No debemos tener miedo a que carguen absolutamente nada.

El cuerpo está diseñado para adaptarse progresivamente a las cargas.

Lo importante es que sean razonables y que el niño pueda tolerarlas bien.

Desde la fisioterapia y la osteopatía no buscamos niños perfectamente rectos.

Buscamos niños que se muevan bien, tengan fuerza, no tengan dolor y puedan hacer su vida con normalidad.

 

Entonces… ¿cuál elegimos?

Podemos resumirlo de una manera muy sencilla:

Infantil

Mochila pequeña y ligera.

Primeros cursos de Primaria

Mochila de espalda si lleva poco material. Las ruedas pueden ser una buena alternativa si empieza a aumentar la carga.

Últimos cursos de Primaria

Depende sobre todo del recorrido: distancia, escaleras y cantidad de material.

Adolescentes

Tan importante como elegir la mochila es aprender a organizar lo que llevan dentro.

Y para todas las edades nos quedaríamos con una idea:

La mejor mochila no es necesariamente la más cara, la más acolchada o la que tiene más accesorios. Es la que se adapta al niño y a lo que necesita hacer cada día.

Si un niño empieza a tener dolor frecuente de espalda, cuello u hombros, tampoco deberíamos culpar automáticamente a la mochila.

Puede ser un buen momento para valorar cómo se mueve, su fuerza, sus hábitos y si existe algún problema que esté favoreciendo esas molestias.

En Kinu Fisioterapia y Osteopatía podemos ayudar a valorar al niño de manera global y dar recomendaciones adaptadas a cada caso.

Porque unas veces habrá que cambiar la mochila.

Y otras veces habrá que mirar un poco más allá de ella.

 

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